El catálogo se concibe como un contenedor silencioso para una obra cargada de fuerza visual. La decisión de trabajar en blanco y negro, los grandes márgenes y la imagen central fragmentada responden a una lectura directa de la obra: capas, fricción, movimiento contenido. El diseño no interpreta ni explica; ordena, enmarca y permite que la textura, el contraste y el vacío dialoguen entre sí. Cada elemento tipográfico se mantiene sobrio para no romper el ritmo visual ni competir con la pintura. El catálogo funciona como una extensión natural de la obra, no como un objeto aparte.
Diseño editorial y catálogo de arte desde la observación, el ritmo visual y la contención estética.
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(2016-25©)








